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Mi tía abuela sufría con el frío — sus manos se ponían moradas, rígidas, adoloridas. No había crema ni tratamiento que realmente ayudara.
Un día, cocinando soya, noté algo: al procesarse bajo presión, la masa tomaba una consistencia parecida a la cera. Caliente, suave, con el peso justo para un masaje. Empezamos a prepararla, a envasarla, a calentarla y aplicarla en sus manos. No la curaba — seamos honestas, no prometemos milagros. Pero el calor desinflamaba. El masaje aliviaba. Ella sonreía.
Ese momento abrió un mundo entero. Soy Deya, fundadora de Palomulato — alguien curiosa por naturaleza y dedicada por convicción. Lo que empezó con una olla de soya y las manos de mi tía abuela se convirtió en más de 14 años de investigación y formulación de cosméticos naturales artesanales hechos en Colombia.
Esa primera vela de masaje — hoy conocida como Azahí Amazónico — sigue siendo parte de nuestra colección. El principio es exactamente el mismo: extractos reales de plantas, para personas reales.
Lo que nos hace diferentes
Comenzamos en 2011, cuando la cosmética natural artesanal en Colombia prácticamente no existía. No adoptamos lo “natural” porque está de moda — lo llevamos practicando más de una década.
Boerhavia Diffusa — presente en menos del 0.04% de los cosméticos del mundo. Concha Nácar del Pacífico. Elastina Hidrolizada. Açaí Amazónico. No son tendencia: funcionan.
No producimos en masa porque no queremos. Cada lote formulado con ingredientes frescos y proceso consciente. Es más lento, más costoso — y exactamente como debe ser.
Nuestras fórmulas nacen aquí, con plantas de aquí, para pieles de aquí. La cosmética artesanal colombiana tiene una riqueza botánica que el mundo apenas está descubriendo.
Registro
INVIMA
El resto de nuestra colección está en proceso de certificación.
Nuestra colección
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